No havia llegit mai res de Roberto Bolaño i El Tercer Reich ha estat la meva primera incursió en el món d'aquest escriptor afincat a Blanes. Sospito que no serà l'última tot i que El Tercer Reich és un llibre que et demana bones dosis de paciència lectora. Planteja les vacances d'un alemany en un hotel decadent que havia ocupat amb els seus pares anys enrera; un alemany fanàtic dels jocs de simulació de guerra i que, mentre duren les vacances, disputa una partida basada en la II Guerra Mundial amb un personatge sinistre del poble. A poc a poc, tots els personatges que toquen una mica de peus a terra van desapareguent i el món paral·lel guanya força. Discorre per camins poc marcats la major part del temps i et deixa amb la sensació de que t'has perdut la meitat de les coses. Però, en global, la sensació és positiva. Aquest és un dels últims fragments que he sel·leccionat."(...) si el Quemado supiera y apreciara algo la literatura alemana de este siglo (...) diría que Manstein es comparable a Günther Grass y que Rommel es comparable a... Celan. De igual manera Paulus es comparable a Trackl y su predecesor, Reichenau, a Heinrich Hann. Guderian es el par de Jünger y Kluge de Böll. (...)
(...) No son ni parecen santos pero a veces los he visto en el cielo, como en una película, sus rostros sobreimpresionados en las nubes, sonriéndonos, mirando hacia el horizonte, ensayando saludos, algunos asintiendo, como si despejaran dudas no formuladas. Comparten nubes y cielo con los generales de Federico el Grande como si ambos tiempos y todos los juegos se fundieran en un solo chorro de vapor.(...)
(...)Figuras emblemáticas capaces de entrar a saco en todos los sueños al grito de ¡Eureka!, ¡Eureka!, ¡Despierta! para que abras los ojos, si has podido escuchar su llamada sin temor, y encuentres a los pies de la cama las Situaciones Favoritas que fueron y las Situaciones Favoritas que pudieron haber sido. (...)
(...) Tontorronadas, boberías, fastos inútiles, como dice Conrad, para no ver el último adiós de los generales: satisfechos en la victoria, buenos perdedores, en la derrota. Incluso en la derrota absoluta. Guiñan un ojo, ensayan saludos militares, contemplan el horizonte o mueven la cabeza asintiendo. ¿Qué tienen que ver con este hotel que se cae a pedazos? Nada, pero ayudan; confortan. Prolongan el adiós hasta la eternidad y hacen que recuerde viejas partidas, tardes, noches, de las que sólo resta no el triunfo ni el fracaso sino un movimiento, una finta, un choque, y las palmadas de los amigos en la espalda."
Roberto Bolaño, El Tercer Reich, pps 282-285.
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