Continuo llegint les benévolas (i crec que encara en tinc per temps. És molt dens) i continuo rebent impactes. El fragment que citaré té una espantosa vigència. Només cal que agafeu les pàgines d'internacional d'El País o La Vanguardia. El passatge és aquest:
"En un estado como el nuestro cada cual tenía su papel asignado. Tú, víctima y Tú, verdugo; y nadie podía escoger, a nadie le pedían permiso para nada, pues todos eran intercambiables, las víctimas y los verdugos. Ayer habíamos matado a hombres judíos, mañana mataríamos a mujeres y niños, y pasado mañana a otros, y a nosotros, cuando hayamos cumplido con nuestro papel, nos sustituirán. Alemania, por lo menos, no liquidaba a sus verdugos; antes bien, los cuidaba, a diferencia de Stalin con esa manía suya por las purgas; pero eso también entraba dentro de la lógica de las cosas. Ni para nosotros ni para los rusos contaba en absoluto el hombre; la Nación y el Estado lo eran todo y, en ese sentido, nuestras dos imágenes eran un reflejo mutuo. También los judíos tenían ese fuerte sentimiento de comunidad, de Volk: lloraban a sus muertos, los enterraban si podían y rezaban el kaddish: pero mientras quedaba uno vivo, Israel vivía. Seguramente por eso eran nuestros enemigos por excelencia, se nos parecían demasiado".
Això és un fragment que podeu trobar a la pàgina 109 de l'edició de RBA i en la pàgina 110 aborda les similituds entre l'oficialat alemany i el rus. Hi destil·la una mena de síndrome d'estocolm.
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