28.4.11

Definitori

'Dime: "No, no intentarás salvar de la matanza a los de tu raza", "No, no lucharás para que tu hijo sea un día señor de Constantinopla", dime esas palabras y obedeceré. Pero habré perdido el gusto por la vida y por el amor.
No dije nada. Ella insistió:
-¿De qué pasta estás hecho para aceptar perder una ciudad tras otra, una patria tras otra, una mujer tras otra sin luchar nunca, sin sentirlo nunca, sin mirar nunca atrás?
-Entre la Andalucía que dejé y el Paraíso que me está esperando, la vida es sólo una travesía. No voy a ninguna parte, no codicio nada, no me ato a nada, me fío de mi pasión por la vida, de mi instinto de la felicidad y también de la providencia. ¿No fue eso lo que nos unió? Dejé sin vacilar una ciudad, una casa, una vida, para seguir tu camino, para halagar tu saña.
-Y ahora ¿por qué has dejado de seguirme?
-Me canso de las obsesiones. Desde luego que no te abandonaré aquí, rodeada de enemigos. Te volveré a llevar entre los tuyos para que puedas avisarlos; pero allí se separarán nuestros caminos.
No estaba seguro de haber llegado a un buen acuerdo ni de tener el valor de cumplirlo. Pensaba que, por lo menos, me había marcado a mi mismo los límites de la aventura a la que me había dejado arrastrar. En cuanto a Nur, me pareció que estaba radiante. Le importaban poco mis reticencias mientras no se interpusieran en su camino. De mis circunspectas palabras sólo oyó el "sí" que yo ni siquiera había pronunciado. Y en el acto, sin esperar, mientras yo hilvanaba en mi cabeza la mentira que le iba a contar a Harún para poder dejarlo plantado, se puso a hablar de barcos, de muelles y de equipajes.'

Amin Maalouf, León el Africano, pags 372-373.