28.4.11

Definitori

'Dime: "No, no intentarás salvar de la matanza a los de tu raza", "No, no lucharás para que tu hijo sea un día señor de Constantinopla", dime esas palabras y obedeceré. Pero habré perdido el gusto por la vida y por el amor.
No dije nada. Ella insistió:
-¿De qué pasta estás hecho para aceptar perder una ciudad tras otra, una patria tras otra, una mujer tras otra sin luchar nunca, sin sentirlo nunca, sin mirar nunca atrás?
-Entre la Andalucía que dejé y el Paraíso que me está esperando, la vida es sólo una travesía. No voy a ninguna parte, no codicio nada, no me ato a nada, me fío de mi pasión por la vida, de mi instinto de la felicidad y también de la providencia. ¿No fue eso lo que nos unió? Dejé sin vacilar una ciudad, una casa, una vida, para seguir tu camino, para halagar tu saña.
-Y ahora ¿por qué has dejado de seguirme?
-Me canso de las obsesiones. Desde luego que no te abandonaré aquí, rodeada de enemigos. Te volveré a llevar entre los tuyos para que puedas avisarlos; pero allí se separarán nuestros caminos.
No estaba seguro de haber llegado a un buen acuerdo ni de tener el valor de cumplirlo. Pensaba que, por lo menos, me había marcado a mi mismo los límites de la aventura a la que me había dejado arrastrar. En cuanto a Nur, me pareció que estaba radiante. Le importaban poco mis reticencias mientras no se interpusieran en su camino. De mis circunspectas palabras sólo oyó el "sí" que yo ni siquiera había pronunciado. Y en el acto, sin esperar, mientras yo hilvanaba en mi cabeza la mentira que le iba a contar a Harún para poder dejarlo plantado, se puso a hablar de barcos, de muelles y de equipajes.'

Amin Maalouf, León el Africano, pags 372-373.

13.4.11

Declaració de principis

Un llibre que comença així és impossible que decebi:

"A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy."

23.2.11

Italia

No sé si és la millor manera de posar-se al dia sobre el segrest i posterior assassinat del líder de la DC italiana Aldo Moro a mans de les Brigades Roges. Un lector i observador contumaç em va dir que era impossible treure'n cap conclusió. I té raó. Però el llibre m'ha servit per altres coses. Aquí teniu dos fragments.

"Tiene razón Moravia: en Italia, la familia lo explica todo, lo justifica todo, lo es todo. Como decía Lincoln de la democracia: de la familia, por la familia y para la familia. Así pues, para contrarrestar las razones de la familia de Moro (per demanar al govern que estudiés la possibilitat d'intercanviar Moro per presos de les BR sense prejudici de què això pogués produir una fractura en l'estat de dret), para anularlas -pues razones tiene, en cuanto familia- nada mejor que apelar a varias familias ya de luto, empezando por la de los cinco escoltas (de Moro) asesinados. Una traducción ulterior y más libre de la nota (redactada per Andreotti), así como más realista, sonaría, por tanto así: "el gobierno sólo puede mostrar su fuerza y aplacar las críticas que se le dirigen por su impotencia, dejando que las Brigadas Rojas den una solución igualitaria al caso Moro. Si al final el Innominado que las dirige se viera, por las oraciones del Santo Padre, tocado por la gracia como el Innominado de Manzoni, el gobierno no podría sinó congratularse de que Moro sea devuelto a su familia".
Leonardo Sciacia, El caso Moro, pps 113-114.

"De una institución que no funciona, de un hospital en el que lo tratan a uno mal o no hay sitio, de un tren que se retrasa, de un avión que no parte, de una fiesta que fracasa, el italiano siempre dice lo mismo: "cose nostre!" Sin embargo, una cosa al menos hay que funciona: precisamente la que por antonomasia llamamos cosa nostra. Cierto es que no es para enorgullecerse, y que por esta "cosa nostra" que funciona podemos elevar a grito de desesperación la exclamación "cose nostre!" por las que no funcionan; pero lo cierto es que funciona y que en consecuencia ni por naturaleza ni por fatalidad estamos destinados a la impreceisión, la impuntualidad, la ineficacia.
Las Brigadas Rojas funcionan perfectamente: pero (pero necesario) son italianas. Al margen de las conexiones que puedan tener con grupos revolucionarios o servicios secretos de otros países, son una cosa nostra."
Leonardo Sciacia, El caso Moro, pps 126-127