21.9.10

Sense que serveixi de precedent

No acostumo a rellegir llibres però amb A sangre fría he fet una excepció. No sé si ho he dit en alguna altra de les entrades anteriors però és un dels millors llibres que he llegit a la meva vida. Em va tocar fer-ho perquè ho deia un temari de la universitat però va ser un plaer. La tria estava ben feta.
Aquest matí, mentre caminava per la devesa he començat a devorar una altra vegada un text que comença prometedorament:

"El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman 'allá'. A más de cien kilómetros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha y botas de tacones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos."



20.9.10

Per saber-ne més

És el segon llibre de Leonardo Sciacia que llegeixo. L'anterior, A cadascú el que és seu, ja em va deixar molt bon sabor de boca i El día de la lechuza m'ha tornat a transportar a una Itàlia dominada per la màfia que, sospito, mai trepitjaré. Si busqueu un gran thriller, aposteu per una altra lectura. Si, en canvi, voleu captar una atmòsfera, aquest és el llibre.

"¿Es que hoy no viajaba nadie? preguntó el brigada al conductor.
Alguien había -contestó el conductor con expresión desmemoriada.
Alguien -dijo el brigada- quiere decir, cuatro, cinco, seis personas; yo no he visto nunca salir este autobús con un solo asiento vacío.
No sé -dijo el conductor, estrujándose la mente en su esfuerzo por recordar- no sé: digo alguien por decir; claro que no eran cinco o seis, eran más, puede que el autobús estuviera lleno... yo no miro nunca la gente que hay: me siento en mi sitio y adelante... sólo miro a la carretera, me pagan por mirar a la carretera.
El brigada se pasó por el rostro una mano tensa por los nervios.
Entendido -dijo- tú solamente miras a la carretera: pero tú -y se volvió enfurecido hacia el cobrador- tú cobras los billetes, coges el dinero, das el cambio: cuentas las personas y las miras a la cara... y si no quieres que te haga recordar en el calabozo, me vas a decir ahora mismo quién estaba en el autobús, por lo menos me vas a decir diez nombres... hace tres años que estás en esta línea, desde hace tres años, te veo todas las tardes en el café Italia: conoces el pueblo mejor que yo...
Mejor que usted nadie puede conocer el pueblo -dijo sonriendo el cobrador, como protegiéndose con un cumplido.
Está bien -dijo el brigada sonriendo con malícia- primero yo y después tú, está bien. Pero yo no estaba en el autobús, porque me acordaría de los viajeros que había uno por uno; así que te toca a ti, por lo menos a diez me los tienes que nombrar.
No me acuerdo -dijo el cobrador- por el alma de mi madre, no me acuerdo; en este momento no me acuerdo de nada, me parece que estoy soñando.
Yo te despierto, vaya si te despierto -se enfureció el brigada- con un par de años en el calabozo verás como te despierto... -pero se interrumpió para ir al encuentro del juez municipal, que llegaba."


El día de la Lechuza, Leonardo Sciacia, pags 12-13.

31.8.10

Ara Àfrica

Javier Reverte, es segurament, el meu escriptor favorit del moment. De la lectura de Corazón de Ulises en van venir les lectures de l'Odissea i l'Il.líada. Ara estic amb Los caminos perdidos de África y no sé cap a on em portarà. Ell no ho sap però podríem dir que tenim un pacte literari. Ell es pateja, motxil.la en mà racons que jo difícilment mai trepitjaré però que puc assaborir escarxofat a la gandula amb una cerveseta ben fresca.
Us deixo un fragment d'aquests camins (i viatgers) perduts d'àfrica.

"Tenía la sensación, y la revivo al recordar aquellos días, de que Etiopía es, en cierto modo, un lugar irreal. Nunca acabas de saber bien lo que sucede a tu alrededor, qué se trae la gente entre manos, ni alcanzas a tener la seguridad de que el lugar donde estás es el que te dicen que es, ni que los sitios de los que te hablan de verdad existan. Puede que a la postre sea un país de fantasmas, o al menos tú lo sientes en numerosas ocasiones.
Me preguntaba, por ejemplo, si Paulus sabía ya en Chagní que no llegaría a Bambudi y si el fiero chairman que me dio permiso en Pawe para seguir viaje no tendría comisión en el dinero que iba a cobrar mi chófer. El Hotel Balas, que supuestamente, y según me había dicho en Bahr Dar el hermano de la supuesta dueña, estaba en Chagní, en realidad no estaba en Chagní, sino a las afueras del pueblo y además, lo habían cerrado. En Mankush no había ninguna clínica de Médicos sin Fronteras, al contrario de lo que me había contado mister Bisrat, y por allí no había pasado un francés en muchos años. Los shankillas ya no se llamaban así, sino gumzs, y el Guba de mi mapa no se llamaba Guba, sino Mankush. Realmente estaba en el lugar que suponía, a 90 kilómetros de Bambudi, o me encontraba en el otro extremo de Etiopía? Existía el Nilo Azul o se trataba sólo de una leyenda?"